Cuando Antonella descubre el contenido del testamento de su padre, se queda sin aliento: si quiere heredar la sustancial fortuna que él le dejó, tendrá que comer una cucharada de sus cenizas. Pero la notaria, una mujer inflexible dedicada a su papel, no parece tan sorprendida, ella que ha visto cosas peores en su carrera. En un día muy largo en el que las coordenadas de la realidad parecen haberse desplazado, Antonella tendrá que tomar una difícil decisión: aceptar el pedido de su padre o rechazarlo, perdiendo su única oportunidad de empezar de nuevo. Después de todo, la felicidad no es más que un sistema de compromisos.
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