

El detective Jake Peralta y el capitán Ray Holt encabezan esta comedia sobre conflictos generacionales en una comisaría de Nueva York. Uno es un detective que no se toma en serio las reglas de sus superiores, mientras que el otro es un inspector empeñado en que madure de una vez y trabaje conforme a las normas del departamento.

Cuando el capitán Holt queda a cargo de la estación, el detective Jake Peralta y sus compañeros disfuncionales enfrentarán nuevas exigencias.

Jake llega tarde y, como castigo, deberá resolver un caso por debajo de su nivel.

Se apilan los casos sin resolver de Jake, y los demás detectives temen que sea contagioso. Mientras tanto, Amy debe dirigir un programa de jóvenes en riesgo.

El equipo se pone en contra de Jake porque atrasó el informe de la autopsia al coquetear con la médica forense, que termina siendo más de lo que preveía.

Un detective de delitos especiales le saca el caso que estaba por resolver Jake y se lleva los laureles. Jake buscará vengarse como sea.

Amy detesta Halloween. Y aún más cuando tiene que ponerse un disfraz y salir a la calle llena de gente junto a Charles.

Jake hizo un arresto con pocas pruebas, y ahora él y el equipo tienen 48 horas para juntar evidencias durante el fin de semana... o el delincuente quedará libre.

El día soñado de Jake con su ídolo termina convirtiéndose en una pesadilla cuando sus comentarios sobre Holt y la estación policial quedan expuestos.

Cuando la pizzería favorita de Jake se incendia y el jefe de bomberos sospecha del dueño, Jake intenta atrapar al verdadero pirómano, aunque no le corresponda.

Amy invita a todos sus colegas a una cena de Acción de Gracias para que Holt se convierta en su mentor, pero Holt se va antes con Jake... y la comida es asquerosa.

Cuando el capitán Holt recibe amenazas de muerte, Jake deberá protegerlo y también aprovechará para hacerle de jefe al jefe.

Jake y Rosa atrapan a un ladrón de autos, Holt intenta encontrar un hogar para unos cachorritos, y el resto intenta ayudar a Charles que está herido.

Cuando se salda la apuesta entre Jake y Amy sobre quién puede hacer más arrestos, ambos terminan en el puesto de vigilancia, donde él se replanteará su relación.

De regreso en su área, Terry toma los consejos de Jake sobre controlar sus emociones para infiltrarse en una organización de traficantes de esteroides y desmantelarla.

Cuando Jake y Amy investigan una seguidilla de robos a hoteles, Jake se entera de que podrían transferirla a la sección de delitos especiales... y tener otro compañero.

En el cumpleaños del capitán Holt, Jake, Amy y los demás oficiales intentan caerle bien al esposo de Holt, pero no tienen mucho éxito.

Para impedir que el detective Boyle se ponga empalagoso con su nueva novia, Jake los acompaña en su cita, pero las cosas no salen como las planearon.

Jake deberá pagar casi medio millón de dólares para quedarse con su departamento. ¿Podrá Gina ayudarlo?

En medio de una competencia entre diferentes estaciones policiales, Jake tiene un ataque de celos cuando Amy se topa con un viejo amor.

Cuando Charles le pide a Jake que sea su padrino, eso implica que pruebe el pastel, elija las flores y convenza a su prometida de que no piensa mudarse.

Luego de una buena racha, Jake decide pasar el fin de semana con el sargento Terry para acabar con un caso muerto que todos piensan que es imposible de resolver.

Jake podría recibir una suspensión cuando le pide ayuda a Amy y a Holt para resolver un caso que le habían sacado.
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